Cultura

La identidad en subasta: “La última batalla” de Edgardo Esteban

El hallazgo fortuito en eBay de una cédula militar perdida en 1982 dispara una poderosa narración sobre los restos de la guerra, la memoria de los cuerpos y la necesidad de una reparación que el tiempo solo no puede otorgar.

Por Carlos Aletto

Hay objetos que no valen por lo que son, sino por la densidad de tiempo, de violencia y de identidad que han quedado adheridas a ellos. Una cédula militar puede parecer, en principio, apenas un documento: una credencial burocrática, una ficha de reconocimiento, un resto administrativo de la maquinaria del Estado. Pero la cédula militar que Edgardo Esteban descubre, en plena pandemia, ofrecida en eBay por un coleccionista británico no es ya un documento. Es una condensación extrema de historia. Es la prueba material de que un cuerpo estuvo allí, de que un joven conscripto atravesó la guerra, el cautiverio, la derrota, el regreso y el largo aprendizaje del duelo. Es, también, la evidencia de una expropiación: alguien arrancó del soldado no solo una pertenencia, sino una parte de su nombre. Ese hallazgo, que para cualquier otro podría ser una curiosidad de internet o una extravagancia del mercado de memorabilia bélica, en La última batalla se convierte en el núcleo de una poderosa narración sobre la memoria, la identidad y las formas tardías de la reparación.

Edgardo Esteban ocupa en la cultura argentina un lugar singular. Excombatiente de Malvinas, periodista, escritor, exdirector del Museo Malvinas, autor de Iluminados por el fuego, su figura no pertenece solamente al campo del testimonio ni al de la intervención periodística: pertenece, de un modo más complejo, a la constelación de quienes han convertido la experiencia histórica en una tarea de elaboración pública. Si Iluminados por el fuego fue, entre otras cosas, un libro decisivo para quebrar el silencio y devolverle lengua a una generación traumatizada, La última batalla desplaza el eje desde el frente de combate hacia una zona menos visible pero no menos intensa: la persistencia del pasado en el presente, la reapertura de la herida en el instante menos pensado, la manera en que la historia vuelve bajo la forma nimia y feroz de un objeto perdido.

Edgardo Esteban, desembarcando en Malvinas, en 1982.

La estructura del libro es, en ese sentido, notable. Esteban no escribe una crónica lineal ni unas memorias clásicas. Organiza la materia narrativa a partir de una irrupción: la noticia de que su cédula militar, perdida desde 1982, apareció a la venta en el Reino Unido. A partir de allí, el texto avanza en espiral. La pesquisa concreta –abogados, periodistas, llamados, funcionarios, negociaciones, nombres falsos de vendedores, intervención de Scotland Yard, repercusión mediática, cartas, diplomacia, subastas suspendidas– se entrelaza con la posguerra argentina, del abandono estatal, del costo íntimo de la memoria y de la necesidad de seguir narrando. Esa doble temporalidad le da al libro una tensión muy eficaz: cada avance en la recuperación del documento reabre una zona del pasado; cada recuerdo, a su vez, resignifica la batalla presente.

Desde una perspectiva crítica, uno de los aciertos más contundentes de La última batalla reside en la metamorfosis de su objeto narrativo. La cédula nunca queda reducida a simple fetiche autobiográfico. Al contrario, el libro trabaja sobre su inestabilidad simbólica. Es prueba de identidad, trofeo de guerra, mercancía colonial, reliquia íntima, pieza de archivo, emblema político. En torno a ella se enfrentan dos regímenes de memoria: el del coleccionismo imperial, que transforma restos ajenos en capital; y el de la restitución, que devuelve los objetos a la trama ética de la que fueron arrancados. Allí el libro de Esteban encuentra una de sus zonas de mayor espesor: entiende que la violencia no termina con el combate, sino que continúa en las formas de apropiación, exhibición y consumo del pasado.

La cédula militar de Edgardo Esteban, recuperada luego de cuarenta años.

Pero sería empobrecedor leer “La última batalla” solo en clave documental. Hay, en su escritura, un trabajo sensible con la emoción pública argentina, y en particular con ese nudo afectivo en el que Malvinas, la cultura popular y la memoria política se tocan. En ese punto cobra un valor especial, este año en que se cumplen cuarenta años de los dos goles de Diego Maradona a Inglaterra en México 86. La aparición del Barrilete cósmico en el libro no es ornamental ni oportunista. Esteban comprende –y hace sentir— que, para una parte decisiva de la imaginación argentina, aquel gol fue mucho más que una épica deportiva: operó como una reparación simbólica, desordenada, popular, visceral, frente a una herida histórica aún abierta. Allí donde la guerra dejó dolor, humillación, muerte y desamparo, el cuerpo de Maradona ofreció una restitución imaginaria de la dignidad. Que La última batalla recupere esa asociación no responde a un automatismo patriótico, sino a una comprensión profunda de los modos en que una sociedad procesa sus pérdidas.

Edgardo Esteban, hoy, con la cédula militar perdida en 1982 y hallada de manera fortuita, disparador de su nueva narración.

En ese sentido, el libro lee con inteligencia la circulación de los símbolos. Malvinas no aparece congelada en el bronce ni encerrada en el registro solemne de la efeméride. Aparece atravesada por canciones, por amistades, por hijos, por viajes, por escenas del presente, por museos, por imágenes mediáticas, por el duelo colectivo ante la muerte de Maradona. Esa apertura le evita al texto la rigidez del monumento. Esteban no escribe para sacralizar el pasado, sino para volver a ponerlo en movimiento. De allí la importancia de figuras como León Gieco, cuya presencia en el libro excede el prólogo y funciona como una mediación afectiva y cultural entre la experiencia de la guerra y la comunidad que la escucha.

Desde el punto de vista narrativo, las “peripecias” de la recuperación de la cédula están administradas con sobriedad. El libro sabe que su fuerza no depende del suspenso en estado puro, aunque lo haya: el alias del vendedor, la pesquisa del origen del lote, los obstáculos judiciales, la dimensión internacional del caso, la intervención policial británica, la espera del envío, el instante de la entrega. Lo decisivo está en otro lado: en cómo cada una de esas estaciones transforma la pregunta por el objeto en una pregunta por el sujeto. ¿Qué se recupera, exactamente, cuando vuelve la cédula? Esa insistencia del libro en el rostro anterior a la devastación le da a la narración una intensidad particular. No se trata solo de volver a tener algo: se trata de volver a encontrarse con alguien.

Detalle de lote subastado, con billetes argentinos, fotos de soldados argentinos tomadas en Malvinas y la cédula.

Tal vez por eso La última batalla sea menos un libro sobre la guerra que un libro sobre sus supervivencias. Sobre lo que la guerra deja adherido a los cuerpos, a los papeles, a las familias, a la lengua, a las instituciones y a los silencios. Y en ese punto la escritura de Esteban, sin abandonar nunca la claridad testimonial, adquiere una dimensión reflexiva de considerable alcance. Porque sabe que la memoria no cura por sí sola, que el tiempo no repara automáticamente, que hay heridas que permanecen abiertas durante décadas. Pero sabe también que ciertas restituciones importan. No cancelan el daño, no borran la violencia, no resuelven la historia. Apenas –y ese apenas aquí vale muchísimo– reponen algo de justicia en una escena largamente degradada.

En un presente que tiende a convertirlo todo en archivo inerte o mercancía circulante, La última batalla recuerda que algunos objetos siguen inquietos, vivos, latiendo. La cédula recuperada no cierra la herida de Malvinas, pero la toca de otro modo. La convierte, al menos por un instante, en una porción de dolor que encuentra una forma parcial de calma. De eso habla este libro admirable: de las marcas que no desaparecen, y de esas reparaciones tardías, siempre insuficientes, que sin embargo permiten seguir viviendo.

Edgardo Esteban en Malvinas.

Presentación en Mar del Plata

Edgardo Esteban llegará a Mar del Plata para presentar La última batalla este martes, a las 18, en El Argentino Bar (Chacabuco 3627). Además, junto a un destacado panel de invitados especiales, será parte de la charla Entre Malvinas y Maradona: identidad y memoria en la cual se abordará la figura icónica de Diego Maradona como escenario malvinizador, un espacio donde se cruzan la memoria, la cultura y la identidad.

La actividad se realizará con entrada libre y gratuita y cuenta con el auspicio del Sindicato Unificado de los Trabajadores de la Educación de la Provincia de Buenos Aires (Suteba – General Pueyrredon).

Edgardo Esteban presenta su libro “La última batalla”

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